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DOCE DÍAS

Doce días
Por Fernando Galeana Padilla.

Tenía doce días

doce días exactos

un peso silencioso

midiendo sin reposo.

Era aproximadamente lejos

unos tantos kilómetros

literalmente era pesado

en metros cúbicos

Algo sin importancia

parecido al tiempo

cuando no cuenta

sólo unas medidas

que contienen algo

que nos refieren

La numeralia estridente

los ecos pensados

las bromas felices

el agua salpicada

Un absurdo que

inundaba el pensamiento

Me fue ahogando

Hasta que llegaste

Doce días

Tenía doce días

Contando tu regreso.

 

DE MODO SINCERO

De modo sincero
Por Fernando Galeana Padilla.

De modo sincero única imagen comprensible,
ojos luminosos cerca de los rostros que se dicen todo,
voces colocadas para sensibilizar el alma sobrevuelan horizonte,
desde lo alto dos islas murmuran soluciones.

Un mar suaviza cuerpos abrazados,
sale el Sol y las gaviotas giran en su vuelo cotidiano
pasan desapercibidas por las olas
que esconden alimento y veneno plástico.

Una mirada atenta vislumbraría
la solución en su reconocimiento.
No habrá otro momento igual,
sudaremos la realidad que va degradando
la salud de los viajeros.

Seremos un mundo más poblado y menos compartidos,
se cerrarán las fronteras anulando la esperanza.
El infierno extenderá sus territorios,
llegará hasta los pensamientos.

poco a poco nos iremos matando,
encontraremos fosas clandestinas,
se quemarán casas y autos con todo y ocupantes,
se perderá definitivamente el respeto
a la dignidad humana que no se había conquistado.

caminaremos confundidos queriendo hacer justicia
por nuestra propia cuenta, desconfiaremos de todos,
no habrá lugar para el refugio, ni las playas estarán seguras.

Las bombas caerán por las azoteas,
se desplazarán cada vez más enormes contingentes
de pueblos huérfanos huyendo
del caos provocado.

Refugiarse en cualquier lado será insuficiente,
la vida se pierde cuando no se valora,
cuando la consciencia agoniza entre los cadáveres
que muestran el hedor de la inmundicia.

ESE OPTIMISMO QUE GENERA El CAFÉ.

ESE OPTIMISMO QUE GENERA El CAFÉ.
Por Fernando Galeana Padilla.

Son las tres, una hora convencional,

aún no me acostumbro al nuevo horario,

el acabús pasa repleto de historias de viaje,

se detiene para que los usuarios bajen y suban.

Al salir, abrió una sombrilla,

en su atuendo una bolsa que no se despega,

sus despintados vaqueros, una blusa blanca muy sexi.

Se colocó audífonos y conectó el playlist.

Entretanto pasando autos, cruzando peatones por zona indicada,

en la avenida turística se estacionó cerca un motociclista.

Se quitó el casco, la chamarra, se peinó,

gritó un nombre femenino, espera dijo cuando la chica volteó.

A esa distancia ambos se veían ansiosos, ella un tanto desconcertada.

No dejé de verlos, desde ahí no escuchaba qué decían.

Pensé son conocidos, quizás esposos o al menos pareja.

Ella no compartió sombra con él, guardaba su distancia,

él quería convencerla de algo.
Yo confirmaba: “no hay como el diálogo cuando se tienen desacuerdos”,

sentí mayor curiosidad sobre esa escena, tenía un lugar privilegiado.

Ella movía su sombrilla como un carrusel de feria,

era hipnótico, él parecía convencido de algo,

me pareció ver sus palabras como ese chat en las películas.

Él señaló hacía la moto, caminaron,

ella le ofreció sombra, se abrazaron,

cada quien tomó un casco, se acomodaron,

ella cerró la sombrilla, sujetó su cintura, y apretó al destino.

Los vi con ese optimismo que genera el café

cuando te sientas a mirar sin prisas,

cuando atestiguas los problemas del mundo

resueltos con la sencillez de una tarde costeña.

 

Abril 9 de 2019.