• gapfer.com/las-cuerdas
    Poema,  POETAS DE GUERRERO,  Potcast,  Puerto de Poetas

    LAS CUERDAS DE LA NORMALIDAD

    LAS CUERDAS DE LA NORMALIDAD Por Fernando Galeana Padilla Mientras los perros ladran, vociferan, filosofan, camino junto con ellos. Bostezos optimistas entre las reflexiones. Pararon las celebraciones, las luces que encendieron las esperanzas pirotécnicas, se acabó la borrachera. Las cuerdas de la normalidad paulatinamente van jalando parejo, las olas permanecen, nunca han cesado, ese ritmo acompañado al corazón costeño celebra siempre. Ahora se escucha entre ladridos y un viento susurrante, todo esto me conmueve me hace cursi pero también consciente. Puedo percibir una palabra naciendo como cuño de expresión exacta, me identifico, me la quedo y les comparto: Cursiente. Así suena este día, así me siento. Ladran los perros, aúllan,…

  • Acapulco: Pueerto de Poetas
    DESTACADO,  ES DICIEMBRE,  Poema,  POETAS DE GUERRERO,  Puerto de Poetas

    La experiencia del círculo.

    La experiencia del círculo. Por Fernando Galeana Padilla. Suena el cuenco. El viento rosa el cuerpo depositado en el oleaje de pertenecer a un momento cauto, lentas ondas de brisa matutina insistiendo en el ánimo de un día insólito. Abrimos las ventanas al mundo de un sonido único, armónicas frecuencias latiendo el universo de seres vivos, aquí extiende sus brazos el infinito, se siente una marea donde levitas por exactas coordenadas de bienvenida, rayos de luz disipándole fragancias a la más elemental disposición de la experiencia. Aquí no hay las frases que definen algo, el lenguaje dejó de ser el remo en que se apoyaba el navegante en su barcaza.…

  • Poema

    VIVIR Y SEGUIR SOÑANDO

    Vivir y seguir soñando. (¡Mexicanos de todos los países uníos!) Por Fernando Galeana Padilla. Serenidad, hamaca en movimiento, los dos disfrutándonos, un silencio revocado en las paredes, sobria habitación de una mañana dócil. El portón se abrió con los perros por delante, uno saltó abrazándome, recargó su cuerpo y su cabeza, lo acaricié, entraron esas voces que amas, las únicas concedidas para romper el descanso. Ella, la mayor de los cuatro, habló de sus lecturas, escuché atento mientras el más pequeño subió, me abrazó, se acomodó entre los cuerpos paternos, vi sus grandes ojos emocionados, una maravillosa escena con un audio espectacular. La lista de lecturas crecían en la numeralia…