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La experiencia del círculo.

La experiencia del círculo.
Por Fernando Galeana Padilla.

Suena el cuenco.

El viento rosa el cuerpo
depositado en el oleaje
de pertenecer a un momento cauto,
lentas ondas de brisa matutina
insistiendo en el ánimo de un día insólito.
Abrimos las ventanas al mundo
de un sonido único, armónicas frecuencias
latiendo el universo de seres vivos,
aquí extiende sus brazos el infinito,
se siente una marea donde levitas por
exactas coordenadas de bienvenida,
rayos de luz disipándole fragancias a la
más elemental disposición de la experiencia.
Aquí no hay las frases que definen algo,
el lenguaje dejó de ser el remo en que
se apoyaba el navegante en su barcaza.
Damos cuenta de lo poco usado el recurso humano,
su exploración. Mueve un silencio ancho las
señales refrescantes de la vida,
lo valioso que es agradecer por ello;
por donde inicia el círculo se habita
con displicencia, una estación se transforma en otra,
a través de la idea común de: piensa muchas veces sin
sentido y no llegamos a ninguna parte.
A través de la percepción desarrollamos tal potencial que maravilla.
Este círculo que inició con el más sencillo trazo va a cerrar,
las hojas retornarán con diversos colores
en la estación siguiente. No quiero interpretar lo
agradecido o dichoso que pudiera estar,
sólo ahora seguiré despierto, respirar y
dejarme respirar por ti,
hasta el final del círculo, universo.

Suena el cuenco.

Diciembre 8 de2018.

HOY COMÍ SIN TI

Hoy comí sin ti,

te disfruté en la sopa,

te degusté en guisado,

saboreé tu postre.

 

Cada bocado percibía tu ausencia,

la sonrisa de la pasta me afectaba,

me abrazaba, recordaba una fragancia

a nuestras tardes juntos.

 

Pausé los bocados,

quise encerrar el tiempo

en los sabores reteniéndote,

el agua de moras, jamaica,

romero y chia, bebí como tus besos.

 

No puse música alguna y

sin embargo me cantabas,

la atmósfera melodiosa

entonó suspiros, los cubiertos bailaban.

 

Todo supo bien,

escandalosamente,

eres sabor de vida que hace falta,

contigo ausente la mente se entromete.

 

Cada detalle dispuesto amorosamente,

comete la misma

indiscreción de recordarte,

los horarios son las nuevas fronteras inhumanas.

 

Tú en la rutina laboral y yo en la mía,

no sé si las tecnologías

comunican más tu ausencia

y me consuela un dejo de locura al esperarte.

 

Estando juntos el tiempo es un tesoro,

la modernidad en la sobrevivencia

no se acostumbra a extrañarte.

 

Cuando estás ausente,

más tiempo estamos virtualmente,

los muros naturales y

artificiales nos encierran aparte.

 

Común es sorprenderme hablándote,

compartiendo algo, agradeciéndote,

la gente te busca al mirarme acompañado

en nuestra conversación solo.

 

Un deseo como los de adolescentes

es que pase volando el tiempo,

no la salud, así jubilados,

caminaremos juntos de por vida,

con la jovialidad hoy desgastada

en labores de rutinas.

 

Al convivir somos personajes de película,

en tan poco tiempo pasa todo,

al terminar quedamos como el público,

con ganas de ver otra nuevamente.

 

 

                             GAPFER.

JUBILOSO CÍRCULO

Jubiloso despierto honrando

la sonrisa perfecta en el aroma,

ese que embalsamado en tu cuerpo

provoca los entornos de abrazada primavera.

 

Descienden las aves,

hacen nido, cantan con la luz

de tus enamorados ojos,

reflejan todos los rincones inexplorados.

 

Hay un círculo que

llega tocando este misterio.

Los pasos esconden

sus sombras al errar destino,

la venganza, la ira, suele aferrarse

al distraer el rumbo.

 

Una hoja perdida al aire

cumple su objetivo,

yo solía subirme por las nubes,

aterrizaba muchas veces inconsciente,

Hoy la música desliza las exactas notas,

matemática expresión del universo,

hace tiempo no entendía.

 

Ayer me percibí tan solo,

dando vueltas,

al ver las huellas,

me volví sonrisa comprendiendo todo,

yo soy el círculo, tú, eres la poesía.

GAPFER.

 

30/Marzo/2014.