ES DICIEMBRE (Pormenores de un recorrido al trabajo).

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ES DICIEMBRE (Pormenores de un recorrido al trabajo).
Por Fernando Galeana Padilla

Salgo de la habitual distancia
entre el optimismo y el desagrado
del tráfico que me irrita cada mañana.

Las descortesías de los automovilistas y los
osados peatones que van saltando uno a uno
los vehículos como un juego en línea.

Parece repetirse la distópica historia
de una narración corregida por un autor trascendente.

Sigo en el auto y en el procesador de texto,
vamos avanzando con una frecuencia de 100 metros
cada tres minutos, me pitan cuando estoy tan
concentrado escribiendo, seguro mientan madres,
me tienen sin cuidado, yo pienso aprovechar el tiempo.

El de adelante va viendo por su celular lo que parece
una película en blanco y negro, algo no común en la ansiedad
de los colores del 4K y HDR. Escribo, tocan el claxon y avanzo,
así llevo cerca de una hora.

Me gustaría también ir con alguien abordo
pero que no tuviera dispositivo alguno,
porque si no poco ayudaría. Por si faltara algún motivo nos detienen
las peregrinaciones, una a una de distintos tamaños,
ruido y convicciones, la maza se funde con el pavimento.

Los camiones son las nuevas chimeneas por donde Santa,
se aprovecha de la buena fe de los paisanos,
reparte sus aguinaldos, van dos regordetes,
subiéndose, vestidos de rojo con sendos bultos
de mercancías que comercian Bara, Bara.

No pienso mucho lo que escribo, permito que fluya
la idea escuchando villancicos, es increíble que no siendo
un beato mueva mis ánimos en la cómoda posición
de pedir un milagro para llegar a tiempo.

Esta pausa entre canciones navideñas me somete al
pensamiento visceral, o más bien, crítica constructiva,
terapéutica, me arroja la idea que nunca
me dieron el regalo adecuado, exactamente el que yo pedía
cada temporada roja de mi traviesa infancia.

No obstante, nunca expresé una queja,
me entregué al juego con cada obsequio,
de una manera que siempre me vieron como
un niño sano, bien portado.
Ahora maldigo al agente de tránsito por detenerme
justo en el momento que me tocaba continuar y deja pasar
una procesión con numeroso contingente.

Cambio de música, no es gracioso ya oír los peces en el río,
ni la frase repetida de la virgen lava pañales.

No sé cuánto pasó para continuar a vuelta de ruedas y escribiendo,
tres mensajes y dos llamadas perdidas a propósito,
hacían labor propia para presionarme.

Un poco tarde, pero llego a la presentación me dije,
faltaban dos cuadras para alcanzar mi destino,
luego que ingresé al estacionamiento, ahí estaba mi equipo
esperándome ansioso, con gritos y porras para apurarme a sacar el
vestuario, ese que tanto esfuerzo dedicamos a conseguirlo,

este que, utilizaremos hoy en la pastorela, organizada por la empresa.
Diciembre 7 de 2018.


GAPFER

Dicen que de poeta y loco tenemos un poco, yo animado en mi locura, gusto de escribir desde hace algún tiempo. Ahora mismo comparto contigo en este espacio que nos junta con el mundo, la amorosa reflexión en esta obra sencilla, en la que encontrarás la profundidad de un corazón latiendo en la creativa escritura que emana como sonrisas festivas. Te agradezco por visitar las veces que desees esta boya que indica algo en el océano inmenso de las letras, como la cercanía a un Puerto de poetas donde las palabras son las olas que llegan refrescando el alma. Yo soy a lo corto y a la distancia solo un puente entre el corazón y el pensamiento que hacen de el espíritu creativo la oportunidad para liberar al ser humano e integrarse plenamente. Te abrazo fuertemente por ser ese buscador que encuentra y llega tocando con los brazos abiertos de su inquietud humana. GAPFER.