HASTA QUE SE ME ANTOJÓ SU FRUTO.
Por Fernando Galeana Padilla.

No había pensado en el almendro
hasta que se me antojó su fruto,
recordando mi niñez, los atrevidos
momentos en que me trepaba
para alcanzar las almendras más altas y
mancharme todo, comiendo al por mayor,
con una falta de culpa,
con la sonrisa tan natural que,
se convirtió en la vida;
quizás extrañamente,
como llamada de atención,
me arrojó un almendrazo
el divagado pensamiento.

Octubre 25 de 2018