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SEMBLANZA DE UNA HISTORIA VERDADERA
Por Fernando Galeana Padilla

Los colores se difuminaron al verte,
caía una sonrisa impecable,
una puesta de Sol, única, acapulqueña,
no era una sorpresa. Eso sí,
me asombró al meditarlo.

Confluye el oleaje ignorándonos,
como trasatlánticos a este muelle: sin cuerdas, ni esperanza.

No siempre las señales son las mismas,
eso es lo que refiere la experiencia: Atardecer,
entre los días que no se esperan y los agotados por celebraciones especiales.

Eras tú en blanco y negro,
una mujer que había visto de colores,
un arcoíris recorriéndote el cuerpo y
tu cabellera frondosa, brillante.

Una abstracción no es más que eso:
Se me antojó quitar los tonos característicos,
esos que están llamando la atención
de una mirada distraída.

No voy a caer en mi propia provocación de detalles
que no redimen una historia verdadera.

Callaré lo apropiado sin velar el rollo ante
la luz de los hechos que valen escribir sobre ti.
Entender la vida se enreda entre los dedos,
se teje, se crea, se desenreda.

No todo es poesía, hay un eco en la ignorancia
que me aturde, sacudiendo partículas de algo acumulado,
para echarse junto a las cenizas de un moribundo
que aún camina hasta el próximo desafío.

No puedo dejar de asombrarme;
Las sombras no son lo que fuimos,
la luz nunca será suficiente para aclarar lo que somos.

Estoy por irme, el mar se recoge,
el ego resiste pensando ¡Qué gran cierre!
Pero ¿Quién no sabe?
Simplemente, es un fenómeno marino
llamado bajamar o marea baja.

Cuando he volteado,
diviso la ocasión perdida,
la noche infalible,
lámparas de pescadores en sus lanchas viejas,
humos de cigarro adornando
el recuerdo de haberte visto,
el umbral de la muerte donde
avanza el siguiente paso.

Febrero 17 de 2019.