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Poema

SOMOS DE ESE REINO DONDE NO SE ACOSTUMBRAN A VERNOS COMO REALIDAD

 

Somos de ese reino donde no se acostumbran a vernos como realidad.
Fernando Galeana Padilla.

Podría ser la ingenuidad a los ojos de quién, por ser tú, yo a esta edad, en donde los temores laten, y el amor es un hervidero quemándose sin poder apagarlo para que no se eche a perder.

El tiempo nunca ha sido aliado de nadie, el tiempo solo es una esperanza que crece como señuelo de la vida que llevamos.

Las miradas que nos descubrieron entre el horizonte alcahuete, son las que tienen soles posándose como mariposas: listas para volar.

En esas madrugadas que te encuentro tan bella, reímos, cantamos, somos de ese reino donde no se acostumbran a vernos como realidad.

Ayer cerré los ojos descubriendo un año nuevo, eso que suena a despertar contento como gaviota volando, por una playa llena de espíritus libres, entre un instante moviéndonos con su latido.

Si no creyera en lo increíble, no existiríamos: Tú, yo, aquí abrazados con tanta gente ingenua, alimentándose también de suculentos sueños.

 

Poema Puerto de Poetas

ESA NOTA ENVIADA EN LA BOTELLA ES DESCUBIERTA

 

Esa nota enviada en la botella es descubierta.
Fernando Galeana Padilla.

Ahora que avanzas en esta lectura, o escuchas lo que dice el escrito, hay consideraciones a saber, surge de esos ejercicios de estar insistiendo en el lenguaje vital.
La existencia mueve los planetas en un universo en expansión, no sabremos hasta donde llegue como experiencia vívida más supone otras formas.
Esas que me convocan tienen que ver con la imaginación, la ficción donde la frontera es prácticamente invisible en tantas situaciones con la realidad.
Dar un abrazo, soltar la carcajada, enamorarse, sorprenderse en un momento soñado, intermitencias que dan la condición humana.
Las diferencias que enriquecen y acercan son las valiosas, atengámonos a eso sin eludir posibilidades para construir algo nuevo.
Hemos crecido en un momento inigualable, con o sin propósito, en la majestuosidad del ser, en su búsqueda y encuentro.
Si aún sigues leyendo, escuchando o ambas cosas, habrás “perdido” el tiempo, ese que mide todo lo valioso y lo que no lo es.
En ese punto a veces hay coincidencia, para mí es de invaluable apoyo comunicar, es donde el lenguaje deja una marca para seguirse.
Puede ser que se comprenda, se apruebe o desapruebe, lo que sea, hasta este no momento, nos atendemos, hacemos espacio para continuar.
Si estás aquí todavía, mi interés crece, se hace imagen destacada, perece el ego, las desconfianzas con tu ayuda, esa nota enviada en la botella es descubierta.
El mar nos rodea, somos tierra costeña, entramado de carrizos, huesos de palapa y techos trenzados.
Pies descalzos que se mojan en la amabilidad del oleaje abierto, somos los oídos y los ojos de la playa, su piel, el gusto de un lugar que no merece morir.
Aquí donde las gaviotas pescan corazones de año nuevo nos exponemos, frente al sol que nos broncea, te llamo.
Si estás aquí, gracias, bienvenida, bienvenido: ahora tú escribe, lee, inspírate, dale vida, disfruta este paraíso. Yo soy Acapulco, puerto de poetas.

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UNA SERVILLETA PEGADA EN LA FRENTE

Una servilleta pegada en la frente.
Por Fernando Galeana Padilla.

Llevo una servilleta pegada en la frente,

quedó ahí como herramienta para escribir alguna frase,

se sostiene con el sudor de la piel imaginando un ambiente fresco.

Llueven miradas curiosas,

es algo raro ver a alguien trayendo una servilleta en plena frente por cualquier lado.

Señalan sus sonrisas queriendo ser discretas,

leen algo, saben algo, creen saber algo.

Voy en círculos por dónde me da la gana,

la ocasión es de descanso,

fin de semana donde la burocracia parece no afectar tanto.

Llevo las ocurrencias de qué podría decir en ese pedazo de papel en la frente,

el fragmento de un poema amoroso, una palabra que sintetice todo.

Paso nuevamente por dónde los curiosos son la mayoría,

me divierte pensar en que ellos no se atreven por el qué dirán.

Salgo de una plaza y la calle va llenándose de prisas reconocibles,

el tramo al caminar parece el río humano que va directo a una cascada,

donde irremediablemente pararemos al mar.

Me detengo ipso facto y me golpean: brazos, manos, caderas, rodillas, pies.

Nada los detiene, todos van en esa misma dirección.

Tirado intento levantarme, nadie me mira, pasan sobre mí,

el río lleva tanta fuerza que me asfixia,

retiro la servilleta y la ondeo levantando el brazo.

mientras quedo solo en el silencio entre la oscuridad que absorbiendo todo me mira,

encuentro la más apropiada frase,

un final de película, recapitulando en la condición humana.