Sobre qué vas a escribir lanzó

esa frase pensada recurrentemente,

se acomodó como una imagen idealizada

por grandes escritores.

 

 

La hoja musitaba las penas de su prosa,

parecía enfadada, un tanto desilusionada,

arremetió contra la primera intensión

de recibir la pluma barata con que

se acostumbraba a escribir las

mencionadas frases creativas del soñador.

 

Con desenfado el escritor

en ciernes levantó la hoja caída o que

visiblemente se rebelaba; por dos ocasiones

la escena fue la misma, él entusiasmado

le dijo confía en mí por esta vez,

por favor sin ti no puedo lograrlo.

 

Esas palabras suavizaron su piel,

por eso se colocó sobre la mesa

de una manera muy abierta,

no había sentido tal seguridad,

una sonrisa estaba ahí aunque no pudiera verse,

la pluma tocó la sensibilidad que manaba como un río.

 

La ropa en forma de letras,

frases, palabras, emociones,

vistieron románticamente la escena,

dos suspiros se escucharon sin que hubiera eco,

uno en la inmediatez del otro.

 

Del cesto poco a poco se desarrugaban

esas bolas de papel que algún intento,

modelo inacabado, interrumpido, insatisfecho,

desechado en algún momento,

renunciaron a absurda tortura.

 

Dispuestas a ser parte del despertar,

volaron colocándose todas apiladas,

limpias, blancas, sin prejuicios, optimistas,

rendidas al quehacer que les henchía de gozo.

 

Conmovido él se detuvo,

dejó su bolígrafo recostado,

se puso de pie y se despidió

sin más que estas palabras: Gracias por su apoyo.

 

GAPFER

Abril 9 de2017.