Doble acto.
Fernando Galeana Padilla.

Mostraba un disfrutar visible en sus gestos y ademanes, su actitud hacía jugar una voz de mando dirigiendo una especie de capricho por determinada escena.

Las miradas entre los protagonistas fueron las más bellas desde que iniciaron los ensayos, se destacaba la admiración por el otro.

Entre esos movimientos artísticos, abundaban las interrupciones, los mecanismos de una buscada perfección.

Iba de un texto enriquecido en el momento a las voces, tomando vida de personajes de época, era tan real, creíble, emocionante, duradero que arrancaba una expresión de total acuerdo entre las partes para dejar fijo lo pretendido.

Otra vez un estreno se aproximaba, cada detalle fue enriquecido al abrirse el telón, se aplaudió para consagrarse el ritual del espectáculo.

En la cena de los festejos el director fue a los extremos, sacó de su saco un pequeño estuche y se dirigió al primer actor.
Los reflectores enfocaron la escena, arrodillado abrió el joyero, sacó un anillo brillante y dedicó unas líneas semejantes al teatro.

El actor muy nervioso lo tomó de los brazos negándose elegantemente muy agradecido, el director lloraba sin decir nada más.

El histrión sacó de su saco otro estuche de un color muy parecido con otro anillo de una forma también brillante, se arrodilló dirigiéndose a la actriz protagonista.

Ella lo tomó de sus brazos lo levantó, dijo algo muy despacio, sólo él lo oyó, el golpe clásico lo recibió sorprendido mientras la asistencia dudó su reacción.

*27 de marzo día mundial del teatro.