Son las olas llamándote inagotablemente,
lúdicas maneras de expresarte amor,
sonidos viajeros tocando luceros, caracoles.
Ondas entretejidas que te buscan y encuentran.

Ya en la playa se acuesta la prisa,
descansan las jornadas locas,
ajustando espíritu, venciendo desmesuradas ambiciones.

Manos, brazos, acuáticas formas sanadoras,
acarician profundas huellas de tropiezos escondidos.

Permeables fragancias inundando rostros de olvidados cuerpos,
la conciencia te descubre en soleado entorno,
observándote, mostrando su mirada tierna, empática.

Prometes recordar ser piel,
cuerpo,
movimiento,
agua, sensaciones, oleaje.

Te sueltas, flotas, descubres el espacio,
abrevas lo diverso, reconciliada naturaleza,
irradias autenticidad, fuerza,
en tus ojos se enjuaga el universo.

Los caracoles ahora convierten tu voz en
sonidos que comparten,
se funden ancestrales armonías,
se desplazan por los recovecos del planeta.
Hay un mar de gente arribando,
celebrando, disfrutando, regresando al paraíso.

Marejadas de gozo transformadas,
son frecuencias, cercanías latiendo uniformemente,
bañamos la humanidad que nos queda en la esperanza.
Somos ese cónico paisaje de las playas de Acapulco.
GAPFER.