Conocida frase (Cuento)
Por Fernando Galeana Padilla.

Mientras leía, tomaba su café, una serie de párrafos, páginas, texto. (Se describe como una actividad fría, de tal modo que disuada al potencial ingenuo lector en espera de algo asombroso.) Si hubiera una concentración más acuciante no habría motivo para dudar que aquella imagen, era espectacular. Suspiraba con la discreción de una historia que volvía a una etapa en la que soñar despierto se valía, es más era la típica manera de entenderla. El café delicioso, más que el aroma y el tostado, el contexto en que se envolvía una certidumbre de saberse visto, reconocido, atendido. La costumbre de encontrar gente conocida y desconocida, las voces que van desentonando en la medida que el tiempo avanza. El día menos pensado de que el mundo real supera la fantasía, aparece ella. La puerta que es símbolo de nuevas cosas se abre, apareciendo un sueño que tiene rostro, cuerpo, vida y la inteligencia que es valor fundamental en las experiencias que todo mundo quiere para identificarse humano.
Se acerca, pide algo; la ve, su mirada no es discreta, su corazón se agita, va igual de prisa que las bicicletas rodando afuera. Las palabras salen de contexto y reclaman, exigen su atención, pero, él sigue absorto, es increíble cómo lo que pensamos fundamental, en indeterminado momento puede cambiar de enfoque. Ella tiene la atesorada sustancia por la cual se concurre a estos establecimientos.
No camina, se empodera del lugar, las mesas están repletas, es la de él que elije. Ella avanza, sonríe, dice algo, él simula sin lograrlo: no mirarla, ni escucharla, toma el libro; ella asume su papel, él reacciona dice: ¡hola! Se presentan. Él pregunta ¿Crees en los cuentos de hadas? Tiembla su boca, el piensa en besarla en saborear sus labios más rojos que la caperuza de otra historia. Un par de lágrimas logran escapar de su prisión, dándole una ambientación al lugar de intensa intimidad, ella evita que se corra el maquillaje, él toma su mano, la acaricia. Ella se repone; ve el libro, se suelta, acerca el rostro susurrando conocida frase: “Mira hacia atrás, mira hacia atrás; hay sangre en la chinela. El pie es pequeñito y esta es la verdadera novia.”
Las escandalosas risas de los conocidos, provocaron reaccionara con su más repugnante mueca; al pagar, él salió entre asqueado del barullo y la alegría de saberse acompañado. Un mapa desplegó, marcó un lugar destacándolo, enseguida abrazó su cuento de hadas, dos palomas cantaban, iban posadas en sus hombros.

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Escrito por

GAPFER

Dicen que de poeta y loco tenemos un poco, yo animado en mi locura, gusto de escribir desde hace algún tiempo. Ahora mismo comparto contigo en este espacio que nos junta con el mundo, la amorosa reflexión en esta obra sencilla, en la que encontrarás la profundidad de un corazón latiendo en la creativa escritura que emana como sonrisas festivas. Te agradezco por visitar las veces que desees esta boya que indica algo en el océano inmenso de las letras, como la cercanía a un Puerto de poetas donde las palabras son las olas que llegan refrescando el alma.
Yo soy a lo corto y a la distancia solo un puente entre el corazón y el pensamiento que hacen de el espíritu creativo la oportunidad para liberar al ser humano e integrarse plenamente.
Te abrazo fuertemente por ser ese buscador que encuentra y llega tocando con los brazos abiertos de su inquietud humana.

GAPFER.