Lo que aún quedaba.
Fernando Galeana Padilla.

Encontró un moco en el libro, no era suyo: ni el moco, ni el libro.

Para cualquier tiempo este evento sería asqueroso, no para él, se dejó atrapar por la escena.

Jugó con la bolita diminuta de excreción respiratoria, siguió leyendo, arribo al capítulo final sostenido por la experiencia.

Modificó la consabida manía de cambiar la página, rió cuando estuvo a punto de caer en su propia torpeza.

Mantuvo el interés de ambas actividades que conjugó con enorme gusto.

Entre las horas que llegaron al final, releyó el último párrafo, entre sus dedos pulgar, índice y medio se entretuvo pensando.

Colocó el terminado libro en el lugar que se guardó por tres años cuando fue recibido de manos de Rachael Rosen.

Abrió un nuevo ejemplar y con sigilo en una de sus hojas guardo el tesoro, lo que aún quedaba.

Suspiró por Rachael Rosen, diciendo: en esta lectura nueva se perderá por siempre el contacto contigo.

Reservaré el mejor momento para leer el nuevo libro, dejarte ir hasta desintegrarte con la imaginación encendida disfrutando otra novela.

GAPFER

Dicen que de poeta y loco tenemos un poco, yo animado en mi locura, gusto de escribir desde hace algún tiempo. Ahora mismo comparto contigo en este espacio que nos junta con el mundo, la amorosa reflexión en esta obra sencilla, en la que encontrarás la profundidad de un corazón latiendo en la creativa escritura que emana como sonrisas festivas. Te agradezco por visitar las veces que desees esta boya que indica algo en el océano inmenso de las letras, como la cercanía a un Puerto de poetas donde las palabras son las olas que llegan refrescando el alma.
Yo soy a lo corto y a la distancia solo un puente entre el corazón y el pensamiento que hacen de el espíritu creativo la oportunidad para liberar al ser humano e integrarse plenamente.
Te abrazo fuertemente por ser ese buscador que encuentra y llega tocando con los brazos abiertos de su inquietud humana.

GAPFER.

También le puede gustar...