Un viaje diferente
Fernando Galeana Padilla.


Sin parar se logró llegar a la meta, indecible el dolor circulando con violenta forma, es trabajo, volvió esa respuesta grosera, se tomó el tobillo ahí donde aumentó el dolor, donde supo desde el principio que sería un riesgo su odisea.

La sensación antes del vuelo le duró dos días, lo suficiente para afectarle en la costumbre de encontrar pretextos para insistir entregarse a la realización de ambiciosos proyectos.

En la compra del supermercado, revisó qué llevaba, tomaba las cosas que necesitaba sin reparar en los precios, sabía así de no cuidar su alimentación los resultados nunca se alcanzarían.

Ella es bajita, es una fórmula del universo donde la belleza cabe tan cómodamente, como el símbolo del infinito que lo dice todo. Agregaría que al contener tanta energía exhibe un carácter especialmente explosivo.

Esto no quiere decir que sea alguien insoportable, contrariamente es la palabra, la atención, una energía que emana de emoción auténtica.

El aeropuerto lucía como mis manos llenas de gel, con un brillo y olor de pulcritud, la mayoría de usuarios parecíamos empleados de salud, en las pantallas más que información parecían obituarios.

Al subir al avión note que su caminar desencajaba con la historia que me había narrado al verla, la trilogía que surge en los misterios, dudas y temores de la altura alcanzando trasatlántica nave, fue útil reconocerlo al abrocharse el cinturón y coincidir.

Tomé la palabra en el mejor momento para penetrar en las líneas que definen intereses específicos de una curiosidad innata, si bien estuvo a punto de colocarse al principio unos audífonos, me hizo sentir tan bien al observar que los guardó en su bolso junto con su dispositivo.

Por un instante tuve la sensación que todo se disponía con facilidad de palabra, el tiempo me daba tiempo de saltar de uno al otro entre el espacio de conversación y contacto.

Semejante situación no tenía precedente, tuve incluso la oportunidad de experimentar lo que pensé es el poder, la selección de habilidades para comunicar extraordinariamente.

Eran barajas, saqué una, a treinta y seis mil pies de altura, en el verdadero paraíso recibí la risa de una niña saliendo de su escondite, en la mirada se desprendieron cometas, golpeó mi pierna con una suave confianza, la turbulencia me provocó un calambre insospechado.

La gente también viajera, vestía su boca con reconocidos colores de hospital, en la serenidad de algunos semblantes, presumiblemente asumimos gratificante la idea de vernos sin impedimentos.

Yo reía de una forma en la que pretendí olvidar la invasión del dolor que iba acentuándose, ella gozaba viendo mi expresión extraña señalando el rostro y algún gesto improvisado.

No pude decirle absolutamente nada del calambre, sería un gran error al oír decirme que le encantaba como reía, que era muy curiosa forma. ¿Eres deportista? La seriedad con que se turnó su mirada iluminando el silencio, hizo darme cuenta.

No podría ser cierto, tantos aciertos, cada carta bien jugada; no pude recuperarme, ella se colocó los audífonos, los insertó en el dispositivo y jamás volvió a mirarme.

Es tan fácil narrarse una historia de final feliz y aun así elijo decir que lo que pasó fue de esta forma, cada vez que viajo recuerdo y voy tan a gusto que, a veces creo vamos a reencontrarnos en alguna sala de espera.

 

Escrito por

GAPFER

Dicen que de poeta y loco tenemos un poco, yo animado en mi locura, gusto de escribir desde hace algún tiempo. Ahora mismo comparto contigo en este espacio que nos junta con el mundo, la amorosa reflexión en esta obra sencilla, en la que encontrarás la profundidad de un corazón latiendo en la creativa escritura que emana como sonrisas festivas. Te agradezco por visitar las veces que desees esta boya que indica algo en el océano inmenso de las letras, como la cercanía a un Puerto de poetas donde las palabras son las olas que llegan refrescando el alma.
Yo soy a lo corto y a la distancia solo un puente entre el corazón y el pensamiento que hacen de el espíritu creativo la oportunidad para liberar al ser humano e integrarse plenamente.
Te abrazo fuertemente por ser ese buscador que encuentra y llega tocando con los brazos abiertos de su inquietud humana.

GAPFER.