El adversario . 

Fernando Galeana Padilla.

Este sí era un día atípico, sin lluvia, sin labores al exterior, figuraba como un día virtual, lleno de redes exaltando miedos.

Unos brincando por las porras de decisiones aisladas, otros enalteciendo los símbolos patrióticos contra los temores de extraño fenómeno invisible.

Sucedió por la mañana, después del desayuno, cuando la acumulación de desvelos impactó en su ser cobrando factura.

El desmayo alertó a la familia, tomaron el control, apagaron la tele, y trasladaron con urgencia al desmayado a hospital cercano.

Desde mi balcón aprecié que hubiera algo para ver, uno se aburre de tanto hacer lo mismo encerrado.

Tuve que marcar al vecino poco tiempo después para saberlo todo, estar más alerta, reí con mucho gusto, lo justifico porque el tipo desmayado me ha caído mal desde siempre.

Es un agresivo, prepotente, misógino, patán y tantos adjetivos más que voy a ahorrar. Me cae tan mal porque dicen que yo soy igual que él.

Hoy permitieron salir, ya se acabó la contingencia, la vida vuelve a ser la misma, en los titulares se informa de: nuevos brotes de violencia, del aumento de precios, de la bolsa, de la austeridad republicana.

En las estadísticas los muertos por la crisis mundial fue en su gran mayoría gente pobre, los invisibles de siempre, ningún poderoso, parece que los virus están dirigidos a quienes no tienen acceso a la salud. Mi privilegiado vecino y yo la libramos, él se ha recuperado, nunca estuvo en riesgo del contagio, se le ve fuerte, sigue igual. estacionándose en el lugar que quiere, incluso en los designados para gente con alguna discapacidad.

La ciudad volvió al caótico tráfico, el reloj avanza en el acostumbrado ritmo metropolitano, jugamos a la confortable vida urbana como si nada.

Desde mi teléfono doy instrucciones de volver a llenar de mercancía los almacenes, sabido que los virus han llegado para quedarse: en cualquier momento les da la gana mutar y seguimos haciendo negocios.

Tengo un presentimiento, desayunaré en el balcón otra vez mañana, quiero habituarme a estar en casa, desde ahí podría ver que al adversario lo llevan nuevamente a urgencias por otro infarto.

 

 

 

GAPFER

Dicen que de poeta y loco tenemos un poco, yo animado en mi locura, gusto de escribir desde hace algún tiempo. Ahora mismo comparto contigo en este espacio que nos junta con el mundo, la amorosa reflexión en esta obra sencilla, en la que encontrarás la profundidad de un corazón latiendo en la creativa escritura que emana como sonrisas festivas. Te agradezco por visitar las veces que desees esta boya que indica algo en el océano inmenso de las letras, como la cercanía a un Puerto de poetas donde las palabras son las olas que llegan refrescando el alma.
Yo soy a lo corto y a la distancia solo un puente entre el corazón y el pensamiento que hacen de el espíritu creativo la oportunidad para liberar al ser humano e integrarse plenamente.
Te abrazo fuertemente por ser ese buscador que encuentra y llega tocando con los brazos abiertos de su inquietud humana.

GAPFER.

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