Poema

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    LOS OSOS POLARES

    LOS OSOS POLARES* Por Fernando Galeana Padilla (GAPFER). Venden agua fría, hielo, fotografías, aventuras, corren en un espacio ahora reducido cada vez más reducido. No se quejan, no pueden, se desahogan comiendo poesía, peces humanoides, son los únicos empáticos, dan su vida, sólo por ellos. Todavía se miran en sus escasos kilómetros donde alojan apretadamente sus sueños; Los osos polares, sonríen poco como ahorrando un tanto la alegría, aquellos  tiempos de sus tatarabuelos quedaron en la tradición oral, ya pesa sólo oírlos: los ojos, los oídos, cada vez más insensibles y no gracias al clima: ¡es la gente, su basura! Focas, ballenas, elefantes marinos, tortugas, tiburones,varias especies sufriendo entre las bolsas…

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    DESDE ESE SOL

    DESDE ESE SOL Por Fernando Galeana Padilla. Desde ese Sol que despierta dispongo la esperanza un mar se extiende en el horizonte abriéndose al cielo de infinitos sueños. Desde este espacio que no por reducido se limita, juega la vida implacable entre sus flores e insectos, con actitud optimista. Desde las frecuencias transitando llegan a los dispositivos, mensajes de nuevo día, atraviesan la atmósfera, rebotan desde los satélites a las repetidoras, a los oídos del corazón. Desde cualquier parte estoy comunicado, me asigno un horario para enfrentar los desafíos, grabo los pendientes que requieren mayor tiempo, comparto sabidurías ancestrales, las asimilo primero. Vuelve mi atención al día que transcurre en…

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    SENSACIONES DE UN ENCIERRO

    POR FERNANDO GALEANA PADILLA Entonces comenzó la música salieron con alas notas de claridad básica, volaban entre los rostros de mi infancia y la alegría que se desbordaba entre las copas. Perfecciones de una imaginación sin precedentes convertía una rosa en el beso deseado tanto tiempo, un rayo enloqueció mi mente, las oscuras sensaciones de un encierro arraigaban las libertades pasadas. Temía no ser el mismo, una línea que recorre incesante, apedrea, oprime los botones, sus códigos, te distrae creando las tormentas, desayunan lo mismo, pero era la música lo que realmente valía. Giraban los soles que llamamos luceros, giraba el amor que se quedó varado, todo enrojeció, se nubló…