YO SOY ALGO ASÍ, QUIZÁS UNA IDEA O UN JUEGO TUYO. *

Por Fernando Galeana Padilla.

Juan corría detrás de su padre, exploraba por primera vez el mar, su short se asía de la cintura tan dramáticamente que flotaba una parte entre sus piernas, era ese correr lleno de risas enredadas hasta perder el paso, caerse y ver cómo reaccionaba papá, veinte pasos adelante.
Su mirada los reencontró felices disfrutando la arena húmeda, el sentir la libertad de estar concentrados en el gozo de la naturaleza, papá extendió sus manos y Juan las tomó sin levantarse, entonces se comenzó otro juego, él empezó como un gran remolcador arrastrándole, avanzó con algunas dificultades, pero el oleaje sirvió de lubricante, imprimió mayor velocidad, en breve frenó alarmado cuando los gritos de Juan, se escuchaban en los oídos de todos los paseantes. ¡Mi short, he perdido mi short! Al reincorporarse, corrió discriminando en su mirada todo lo que no fuera lo que buscaba, sin aparecer la prenda por donde ya había pasado, le pidió al mar que le ayudara y este se recogió para ofrecerle su traje de estampada tela con tema de palmeras, lleno de arena, inmediatamente vistió de nuevo. Ahí mismo una botella que no era exactamente basura, humeante por dentro llamó su atención y la tomó. Era un momento de esos que se colocan entre paréntesis, porque pasa tanto sin que aparentemente el reloj se note y los demás perciban los detalles, como si contempláramos a lo lejos que el Sol platica gustosamente y se hunde lentamente antes de despedirse. Abrió la botella quitándole el corcho que impedía la salida de ese humo cambiando de colores, el característico sonido encerrado se escuchó al liberarse, un humo fue elevándose, tomando forma, una especie de pez gigante, de pez humano, el agradecimiento vino con una palabra y una reverencia, pero la forma que tomó finalmente fue la de… (El narrador prefirió callar para dejar la sorpresiva voz al niño).
Pero tú qué haces aquí, ¿cómo es que estuviste ahí? ¿Cuánto tiempo? ¿quién eres? ¿porqué esa forma de cangrejo? Mira, le responde él, este debe ser un cuento infantil puesto que generalmente acabo de alimento, como recuerdo de un rico bocado de cualquier personaje de novela o como figura en las prendas de algún comediante costeño.
El mar regresó a sus deberes con pequeñas olas primero, después crecieron tanto que la bandera cambió como el semáforo cuando detiene el auto llevando a los chicos a la escuela.
¿Dónde me encuentro niño? ¿es este el reino del que todo mundo habla? ¿Un verdadero paraíso? No he de contestar hasta que tú me digas.
Si digo que no soy un cangrejo creo que pensarías que estoy trastornado, así que ahora no desmentiré eso. Vengo del mundo posible, un lugar ilimitado maravilloso pero peligroso. Jajajajaja, el chico reía, se carcajeó hasta que papá habló para decirle que era hora. El cangrejo se había esfumado, por más vueltas que dio la cabeza del niño para buscarlo no dio con él.

Se secaba el cabello, la voz del cangrejo se escuchó detrás de él, lo miró por el espejo del lavamanos, cómo es que te pierdes en la playa y apareces de pronto en el lugar menos indicado. Ahora el que se carcajeó fue el cangrejo, pero si ya estás vestido y oloroso a jabón de coco. Además, recuerda que te conocí en la playa cuando con el poder de tu naturaleza recorriste el agua del mar para encontrar tu short. En fin, qué haremos hoy. Primero vamos a salir al patio para que me cuentes todo sobre ti, ¿Todo? Es mucho. Empecemos por tu nombre. Mi nombre parece no decir nada, pero tiene un gran significado. Me llamo Atl, que quiere decir agua en Náhuatl. Cómo es que estabas encerrado en una botella parecido a un genio de esos cuentos árabes que han llegado a mis oídos por la voz de mis padres y maestros.
No soy un genio, ingenioso sí, pero genio no. Ahora sí que no entiendo, cómo es que apareces de repente, sales de una botella conteniendo humos que cambian de color, tienes forma de cangrejo y hablas como cualquier persona, bueno tienes un acento algo raro, pero te haces entender perfectamente. A veces para llamar la atención usamos clichés, ya sé que me dirás no sé qué es un cliché. Ahí sí que estás equivocado un cliché es una idea o expresión que se ha usado repetidamente. Eso lo aprendí de Mr. Joe Carvin, mi maestro del club de One World. Ahora yo soy el sorprendido dijo Atl, ya que tienes la idea, sabrás qué hay cosas que, a pesar de verlas, tenerlas tan cerca, usarlas, parecen no tener explicación. Yo soy algo así, un momento, una experiencia, una reflexión, quizás una idea o un juego tuyo.
Quieres decir que he caído en la locura, ¡Estoy loco! ¡Estoy loco! Gritando reingresó a la casa, desde la cocina mamá le llamó dos veces, ¿Qué tienes? ¿Por qué esos gritos? Nada mamá estoy jugando. Vaya juego el tuyo.
Juan seguía inquieto, tirado en su cama mirando los adornos del techo y el movimiento del ventilador, era la primera vez que algo tan insólito le sucedía, se preguntó si así perdía uno la niñez y pasaba a otra etapa o de plano estaban pasando cosas tan raras que era mejor dejarlas sin explicación. No te preocupes dijo Atl, desde el sillón, la primera vez que aparecí en una historia, dudé entre realidad y fantasía, tuve que abandonar el texto, escaparme de algo que parecía llamaban destino o guion de tu vida, eso me convirtió en una idea independiente, que posteriormente creció y me convirtió en personaje, fui asediado por grandes escritores, me ofrecieron respeto y una serie de ventajas que están por demás enumerar. Mucho tiempo y tantas aventuras me llevaron por todo el planeta hasta llegar contigo.
Me confundo Atl, quiere decir que si mi mamá entra a la habitación en este momento me hallará hablando solo. No no es así de sencillo Juan, Ella escuchará lo que quiera escuchar, verá lo que quiera ver, pero también depende de ti, creo que mucho más de ti, de la confianza, de tu seguridad, de tu amor y de tus sueños, esos que en realidad son nuestros deseos. ¿Tú eres de esa clase de maestros, que giran alrededor del planeta, dan dos vueltas y llegan al mismo lugar sin hacer un solo cambio en sus vidas? Parece tu discurso explicativo un laberinto, ¿qué edad tienes Atl? Acaso eso importa reviró molesto. Perdona, es… No perdóname tú Juan, he sido insensible quizás, tanto tiempo de encierro sin poder hablar con alguien, sin querer contar el tiempo, sin motivo ni esperanza y cuando había soltado el llanto inconsolablemente, se abre el mar, te veo con toda tu inocencia, te acercas provocando que se evaporen mis lagrimas y se convierta en una celebración de humos de colores y me liberas. Pero no soy un genio, te soy sincero, no quiero provocar en ti la frustración de no cumplir con tus deseos. Yo no quiero nada Atl, no necesito. Todos necesitamos algo Juan, tendrás que buscar en ti, aunque yo no pueda dártelo.

Narrador: Quizás el autor eligió esta historia causado por el calor y la falta de agua que a cualquiera hace perder la cordura.

*A Juan Carlos Galeana S.

1 de agosto de 2018.