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UN TEMOR A DESASTRE

UN TEMOR A DESASTRE.
Por Fernando Galeana Padilla.

 

Una sonrisa cómplice asesina la originalidad del atrevimiento, no hay peor momento que hacer bromas con uno mismo cuando todo alrededor es más fúnebre que la procesión atestiguada.

Te soportas a la hora acostumbrada, la terquedad que vislumbra las señales en los gestos vecinos, esas luces que reflejan el movimiento, el arqueo de cejas queriendo ubicar un buen lugar.

Luces exacto cual ejemplar actor de drama extranjera, caminas con el cuidado de la actitud que merece proyectarse sin ser un arquetipo.

Amedrentar la inseguridad con un rostro confiado al ponerse el traje de salida, llueve sin que te incomode en apariencia natural, eso jala las miradas, conmueve.

Mojado en la totalidad de la piel que disfruta humectarse, también sientes frío, una sensación sin quejarse, avanzas en ese horizonte hecho de agua, pisando lentamente.

Todo mundo corre, salpican los autos en su desprecio al peatón, recuerdas el poema de Jaime, haces una pausa, juegas un poco con eso, avanzas.

La ciudad es un puerto, que raro son los temores colectivos, una lluvia y desaparecen todos, será la percepción equivocada de una realidad aparente.

Cada gota te golpea con más fuerza, continúas, viéndote como capitán de barco, ordenas con una voz de autoridad que sólo tú oyes.

Dirás que mientes, las calles inundadas, arroyos en dirección al mar, no hay basura, todo es agua fuera de casa, cae la lluvia sin rayos, late de cualquier modo un temor a desastre.

Te detendrás ahí entre esas palmas que van tirando sus cocos, recogerás uno o dos con la precisión que exige ese momento, consumirás lo posible, agua de lluvia y coco, combinada te endulza.

Tu piel se enchina, ese sabor se va hasta tus ojos, lloras, te acuerdas del Paulina, agradeces, no sabes a qué, pero agradeces, en tu rostro esa sonrisa es de un ser vivo.

Haberes de la cotidianidad ocultan el miedo, es cuando la lluvia arrecia que recuerdas, invariablemente sales cuando la mayoría se queda en casa.

Te vistes distinto a la ocasión, no es igual a cualquier día, sales con las primeras señales de lluvia, caminas rumbo al mar, mientras avanzas escondes el dolor.

Todo lo que no ves parece arte surrealista, lo acomodas, buscas comprender los extremos, hilas las ideas, te esfuerzas, imágenes de aterradores recuerdos surge.

Movilizas tus capacidades en este ritual, caminas para enfrentar temores, te desafías, confías que al llegar al mar, la lluvia escampe.

Poema Puerto de Poetas

SIN MAYOR PRETENSIÓN

SIN MAYOR PRETENSIÓN
Por Fernando Galeana Padilla.

Llovía era la noche de una expresión cercana,
una atención amable, mutua, mojada.
En el planeta nada parecía extraño,
los astros rotaban en su giro extraordinario.
Unos segundos siguieron la sensación de eternidad cósmica,
dio parte a una narrativa nueva.
Las distancias no parecían años luz,
había un resplandecer con los ojos cerrados. El movimiento de la vida
que es sentida como expresión física y orgánica.
Era un todo que se poseía a sí mismo, un erotismo celestial abrazado.
Ondulaciones de luces y sonidos,
viajando en un anonimato de códigos matemáticos
como se lee la vida, la pasión, el deseo y la esperanza.
El escenario donde viajan los sueños,
donde arriban dónde se acercan, donde nunca llegan.
En ese sentir que nos provoca seguir respirando,
la historia avanza, es el horizonte.
Sigue lloviendo, nubes que bajan y suben,
el viento juega entrando a escena.
En la cercanía se mueve todo,
alrededor se escucha la insinuación de un optimismo raro.
Las ventanas se abren,
las puertas se abren,
el corazón humano se abre.
Estamos de la mano sosteniéndonos
recreando el universo sin mayor pretensión que disfrutarlo.

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EL ECLIPSE

EL ECLIPSE
Por Fernando Galeana Padilla.
Era el movimiento,
la sutil dirección derivando un gran suceso,
luz que pierde fuerza,
el vestido oscuro que va provocando mirada tan abierta.
Suma de ideas recreándose en lo que parece noche,
las uñas rojas apasionadas saliendo,
agarrándose para remontar esa oscuridad.
El cuerpo se asoma y su teñida sonrisa de labios gruesos
se asemeja una boca que transforma palabras
en dominio absoluto de creación.
Ponderado pensamiento no funciona en ocasión de esas imágenes,
de esas voces,
de un creciente deseo de ver sin protección,
ser tú, ser yo, el cosmos.
Caigo como idea,
eyaculada sensación entre las posiciones planetarias,
conmueve saber y sentir la emoción de esa nube que ríe conforme vas cayendo.
Aterrizo desde ese universo único,
noble y empático,
la polvareda maquilla el rostro,
un aire que no se detiene va fortaleciendo el ánimo de ese Sol resplandeciente.